El liderazgo es el origen. La organización, el resultado.

Después de más de 18 años en el mundo corporativo y de las multinacionales, habiendo convivido con más de 35 nacionalidades y estilos de liderazgo distintos, hay algo que puedo afirmar con absoluta certeza: el liderazgo tiene un impacto directo y profundo en cualquier organización.
El liderazgo es el origen. La organización, el resultado no es una frase inspiracional.
Es una realidad estratégica que muchas organizaciones prefieren ignorar… o simplemente emparchar.
Durante años hemos intentado corregir los problemas organizacionales desde la superficie: reestructuras, nuevas metodologías, procesos más eficientes, cambios culturales “urgentes”. Sin embargo, en muchos casos los síntomas reaparecen. Los resultados no se sostienen. El desgaste vuelve.
¿Y a qué se debe esto?
A que seguimos interviniendo el resultado sin revisar el origen.
Uno de los grandes malentendidos es pensar el liderazgo como un cargo o como un enfoque exclusivo de dirigir personas. En realidad, el liderazgo es mucho más que eso: es la forma en que se toman decisiones, lo que se tolera, lo que se comunica y lo que se calla, y el nivel de coherencia entre lo que se dice y lo que realmente se hace.
Con el tiempo he visto organizaciones con estrategias brillantes fracasar, y otras con recursos limitados lograr resultados extraordinarios. La diferencia casi nunca estuvo en el plan. Estuvo en el liderazgo que lo originó.
Tal vez la pregunta no sea qué más hay que cambiar en la organización, sino desde dónde se está liderando. Porque al final, la organización siempre termina siendo el reflejo de su origen.
Vale la pena detenerse y preguntarnos desde dónde estamos liderando… y qué estamos realmente originando.